domingo, 7 de marzo de 2021

 MUJERES RELEVANTES DE CIEZA A LO LARGO DE LA HISTORIA

 FRANCISCA MOYA DEL BAÑO




Nací en Cieza el 14 de mayo de 1942. Cuando tenía cinco años nació mi hermana; revivo, como si fuera ayer, aquel precioso día. Recuerdo una niñez y una juventud felices. En mi familia aprendí, con el ejemplo y la enseñanza de mis padres, todo lo verdaderamente importante.
Palabras como respeto, dignidad, amor al prójimo, igualdad, fuerza de voluntad, trabajo, familia, dominio de sí mismo, renuncia, amistad…, en una palabra, amor, se hacían vida en mi casa. Mis colegios, el de mis monjas de la Divina Pastora y el del Sagrado Corazón, me formaron y apoyaron la educación recibida en mi casa. En ambos colegios encontré muchas personas a las que respetaba y admiraba; valgan de ejemplo la Madre Mercedes y Dª. Pepita
Semitiel. Les debo muchísimo; a Dª. Pepita le debo especialmente que me hiciese amar el Latín, que me ha acompañado siempre.

Mi familia era muy religiosa y creo que yo lo fui siempre. Dios era para mí -y lo sigue siendo- un Padre que me amaba, y en Él he confiado. He sentido la cercanía de Jesucristo y de María, su Madre, y ellos me han conducido a ser agradecida, a pensar en el otro, a hacer lo que pudiera por los demás. 

Fundamental fue para mí encontrarme con Acción Católica, que en Cieza estaba viva, llena de fuerza y entusiasmo. La Iglesia -ese era su mensaje- debía salir a la calle; los cristianos tenían que comprometerse en la acción transformadora y liberadora del mundo, denunciando las injusticias y anunciando la Buena Nueva. Utilizando el método de “ver, juzgar y actuar” se pretendía que las personas se hicieran responsables y luchasen por una sociedad más justa, más digna y más igual.  Había que actuar.

Tras estudiar Bachillerato Superior, que compaginé con Magisterio, siguiendo los deseos de mi padre, que quería que tuviese pronto “algo seguro” por si a él le pasaba algo, marché a Murcia para cursar Preuniversitario (1959-1960). En el Instituto “Saavedra Fajardo” encontré a mi gran modelo de mujer después de mi madre, la Catedrática de Latín doña Encarnación Plans Sanz de Bremond, una excelente profesora, casada y madre de siete hijos.

En Murcia continué en Acción Católica (Consejo Diocesano y JEEC). Estudié Filosofía y Letras, los cursos Comunes y la Especialidad de Filología Románica. Quería compaginar Románicas y Clásicas, pero en Madrid solo hice un curso. Tuve la suerte de ser alumna de profesores como D. Mariano Baquero, D. Ángel Valbuena, D. Manuel Muñoz Cortés, entre otros, pero fue D. Antonio Ruiz de Elvira, mi maestro, el que iba a guiar mi carrera. Al acabar la Licenciatura con Premio Extraordinario y haber presentado mi Tesina en 1965, que recibió el Premio Nacional de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, me concedieron una Beca de Investigación para realizar la Tesis Doctoral. Me la dirigía el Dr. Ruiz de Elvira. Mientras trabajaba en ella, preparaba Oposiciones de Instituto. Sin embargo, el traslado de mi maestro a la Universidad de Madrid, hizo posible que me encargara de parte de su docencia con el correspondiente permiso ministerial de compatibilidad. Y aquí comenzó todo: Doctorado, Oposición, docencia, investigación, gestión, y, sobre todo, el contacto asiduo con las sabias palabras de los clásicos, es decir, todo lo que me ha hecho tan afortunada. Mi marido, mis tres hijos y mi familia y amigos han sido lo mejor.

Cuando era pequeña me gustaba muchísimo ir al Colegio; no me gustaba ponerme enferma
porque me impedía disfrutar de lo que amaba. Así he seguido. Me gusta lo que hago y tengo
gran capacidad de trabajo; es, sin duda, un don recibido, pero mi madre nos grabó casi a fuego el valor del esfuerzo y la necesidad de aprovechar el tiempo. Creo que no he sido ambiciosa, aunque sí he querido lo mejor para mi Universidad. Siempre he estado rodeada de personas extraordinarias, a las que he admirado y de las que he aprendido y me han ayudado; no obstante, mis padres han sido siempre las personas a las que he dirigido mi mirada.

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